El retrato de los emo es una tribu urbana integrada por jóvenes entre 12 y 22 años de edad, que se caracterizan por la exploración de emociones intensas y, en ocasiones, extremas. Los casos de violencia contra ellos han encendido las alarmas en el país, no exonerando a Cali de este fenómeno.
Es difícil mirar a un emo directamente a los ojos pues se han dejado crecer un denso mechón de cabello sobre la cara para no ver a nadie, para no ser vistos, para protegerse de ese mundo exterior que consideran hostil, y que los mueven a permanecer a salvo en la penumbra.
El pelo es un telón cerrado, que se abre cuando quiere y sólo a quien quiere. “Siento que todo el mundo es feliz, menos yo”, dice un emo que no es niño ni adulto. Lo acompaña una delgadez extrema casi anoréxica, que acentúa con sus pantalones entubados y camisas talladas.
Su figura hermafrodita parece sacada de alguna animación japonesa. Ellos prefieren vestirse de negro para representar la ‘ausencia de color’, y no es simple casualidad que el riguroso luto del negro contraste con pequeños destellos de fucsia, morado, rosa y azul pastel, colores que representan las cosas que aún les despiertan ganas de seguir viviendo.
Mira la nota completa en Calibuenanota.com